Uno ve

Uno va por la calle y ve infantes menores de 7 años en estado harapiento, vendiendo chicles o flores, siendo explotado por sus padres que, en la mayoría de los casos, son alcohólicos. Esos niños deberían de estar en una escuela, obteniendo una educación con buen nivel, ejerciendo su inteligencia y no meramente como esclavo de sus progenitores.

Pero ni modo, así es mi “México lindo y querido”. Y bueno, como dice la célebre primogénita de nuestro erudito presidente actual: somos la prole. Pero vamos, nosotros (la prole), tenemos más calidad que la élite de la sociedad mexicana. Tal vez no tengamos estudios en Oxford o Harvard; en efecto, hay quienes no acaban ni la primaria; pero tenemos más moral, mejores valores y mayor posibilidad de cambio que nuestros distinguidos miembros del ápice económico.

Yo, Julia María del Prado, soy orgullosamente miembro del proletariado mexicano. Soy una oveja negra más entre el séquito. Alzo mis pensamientos y mis letras a quienes quieran leerlas; quiero un cambio. No soy una feminista aturdida, ni una filántropa multimillonaria; pero con lo que tengo trato de salir adelante, trato de no sólo ser mejor persona cada día, sino de alcanzar un nivel de superior de educación y poder ser, el día de mañana, un buen ejemplo para mis hijos. Para poder enseñarles que no se trata de bienes materiales ni riquezas; sino de un nivel de conciencia puro, elevado. Un nivel de conocimiento diferente, para poder tomar buenas decisiones. Un nivel de principios humanos y valores, tanto éticos como morales, sin llegar a los extremos.

Uno ve como gente como Elba Esther y se pregunta por qué. ¿Porqué después de tanto “esfuerzo”-como ella dice- hace semejante acto?, ¿Porqué delinquir en contra de un país que te ha dado ejemplos de vida, de liderazgo, de prosperidad y, sobretodo, de humildad?. Carajo, la gente de estos tiempos sólo ve la televisión, son como robots, ¡Y ni hablar de los pequeños que futuramente serán las cabezas líderes de nuestro país!.

Uno ve, y se cansa de tanta decadencia. Aún más cuando día a día, uno mismo trata de dar lo mejor de sí, de ser un buen ciudadano, de tratar de manifestarse como un luchador, un guerrero (guerrera en mi caso). No, estamos a un paso de desaparecer como los grandes imperios, estamos a nada de destruirnos unos a los otros, ¡O PEOR AÚN, DE DESTRUIRNOS A NOSOTROS MISMOS!.

Basta ya de la tiranía. El pueblo no debe rebelarse ante las autoridades sólo porque busca cambios, ¡EL CAMBIO SE HACE PRIMERO EN SU PERSONA, EN EL HOGAR!. El cambio verdadero se debe de dar todos los días: tratando de educar mejor a los estudiantes de todos los niveles de educación, intentando ser mejores personas día a día y evitando caer en las garras de los monopolios gringos, en los programas televisivos de “ciertas y determinadas” compañías mexicanas.

Si México quiere cambiar, mejorar y crecer, debe empezar desde la raíz.

¡Más México para los mexicanos, chingados!, y si hay cambio, que se note al menos desde nuestros hogares, ¡PUES QUE VIVA MÉXICO, CABRONES!.

Julia María del Prado.

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