A resumidas cuentas

Cuando te pones a reflexionar y no sólo nadas en el mar de la conciencia universal, sino que te sumerges a fondo, te percatas de que siempre lo banal es bello.
Todo en el mundo es bello. No hay cosa que no sea bella.
Un buen ejemplo es ese momentito que te tomas para mirar el cielo y  recostarte sobre el pasto o la tierra. Ese momento es invaluable, porque te pones en contacto con la madre tierra, y según las culturas orientales, es un buen ejercicio para desbloquear, si no me equivoco, el tercer o cuarto chakra.
Es como escuchar como corre el agua, es algo de lo más banal, de lo más mundano… Ah, ¡pero qué bello es!.
Te das cuenta que observando y no mirando las cosas, te vuelvas más perfecto, porque te vas haciendo uno con el macrocosmos que te creó. Aquí, el concepto Dios, es un concepto amorfo.
Así, aceptando la belleza de todo y de todos, sin prejuicios, sin críticas ni objeciones, nos volvemos con amor universal en nuestras almas hacia del devenir armónico.
Entonces, a resumidas cuentas, debemos de ser más reflexivos y observar en vez de mira, escuchar en vez de oír y no hacer juicios, pues no somos aptos a tal acto tiránico.

Julia Maria del Prado

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