Eternos desvaríos

Esta es una nota que escribí hace unos días. Lo publico porque me percaté de que lo escribí dos días después, es de esos escritos que se hacen fuera de conciencia. 

Un dulce olor a muerte baila en mi nariz, y se detiene en mi mente diciéndome así.- ¡Ahí viene la calaca, la Catrina, escóndete muchacha!. En sus faldas trae consigo la tristeza y la añoranza de una pérdida futura y el dolor de los muertos y los vivos. ¡Ten cuidado, no te muevas, o mañana no habrá amanecer ni tarde soleada!.
Muda y tensa estuve, mientras la Parca desfilaba. Ésta de reojo me miraba y se soltaba a carcajadas. ¿Por qué se ríe al verme?, ¿Será que un lecho frío ya me ha separado?. -¡Soy joven aún!- grité sin pensarlo.
Entonces todo se detuvo, ella se volvió hacia mí y me tomó de la mano, me llevó a la noche y desde entonces… ¡Desde entonces no he regresado!.
No soy la misma que con sus frías y cadavéricas tomó esa noche.

Julia María del Prado

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