Soneto improvisado

De tus ojos a un árbol
es cuanto te quiero,
mas no en vano guardo
el secreto del deseo.

El secreto de tu boca
siniestra y loca,
que toma y me destroza
manos, pies y cadera.

El éter caliente de tu cuerpo
me recuerda al infierno
porque sólo lo veo y peco

¡Lléveme el mismísimo diablo!
Te quiero de aquí a un árbol,
tu boca es como mi cielo.


Julia María del Prado

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