Café para dos

Imagen

Hola, bienamado. No quiero verme osada pero es que, bueno, tú sabes… estoy enamorada y, a menos de que seas un típico machista y te veas ofendido, aquí mismo te pido que vengas conmigo y bebamos algo caliente. Bebamos un delicioso café, tan humeante que se parezca a mí mientras estoy de chimenea andante.
¿No te parece algo exquisito? -a mí sí, es algo íntimo- dos personas, dos cafés. ¿Con luz o a oscuras?, a media luz -más sensual es- infinidad de temas de qué hablar. Anda, vamos, que te quiero conocer. Yo soy un libro abierto, claro, si me lo propongo mas no con cualquiera, eh, soy a veces como un toro -y no por infiel o por cornuda, sino por agresiva con mis atacantes, no soy presa fácil- ¿Te apetece música?, no lo dudaría, eso es algo elemental, mi querido Watson. Ahora sí, está completo. Tan sólo imagínate: media luz, una habitación -tu adecuación mental quizá te coloque en un vestíbulo-, música de fondo (Ah, pero nada sensual, sino algo como impresionismo francés o nacionalismo ruso), dos tazas de café caliente, humeante -¿con leche o sin leche? Ah, eso es aparte-, tú y yo, sentados uno frente al otro para poder mirarnos sin problema -pero no tan lejos ni tan cerca- la distancia perfecta.
Hay tanto que podría contarte -en realidad no mucho- pero, quizá sí haya algo interesante. 
Tú podrías preguntarme cuanto quisieras y yo te respondería sin problemas. Lo único que me temo es que, bueno, tú sabes… esto sea sólo una fantasía y nunca llegue el día en que nos bebamos un café juntos y eso, ¡ah!, me llena de tristeza y melancolía.
A fin de cuentas, tal vez no contigo, con otro realizaré este “sueño dorado” de convivencia pre-amatoria de socialización… 
Aunque no te des cuenta, me has roto el corazón y creo que alejarme de ti sería lo mejor. Maldita la hora en que me encuentro con tus ojos que me hacen mar y las olas de cariño se empiezan a ondear con el viento de tus palabras y la luz de tu mirada. ¡Ya me puse romántica, demonios!. Perdón, no puedo evitarlo… así soy, una típica romanticona que todo el tiempo está sola.
Quiero un café contigo, y te exijo que tú quieras un café conmigo… ya que, después de todo, te siento más que como amigo. Siento ese “hilo rojo” (leyenda japonesa), quizá sólo estoy quedando loca y busco formas de atarme a ti porque sé que no va a suceder, que entre tú y yo nada puede acontecer.
Un café para dos, para ti, para mí, para que me digas que no te gusta mi tabaquismo y yo te diga que, si prometes quererme, dejarlo me daría lo mismo.

Julia María del Prado

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s