Me gusta que llueva

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Me gusta que llueva, me gusta ver llover. Ese cielo atormentado y gris me recuerda a mí cuando me pongo triste o hasta cuando estoy feliz. Ese sonido de las gotas al caer me llena el alma, me hace pensar, me ayuda a resolverme. 
Esta tarde ha llovido, ha sido un día tan bueno y tan tranquilo que me alegra muchísimo. La lluvia me abraza tan fría y fresca que se alivian mis pesares y llegan a mí nuevos cantares, nuevos versos, nuevas ideas, nuevo todo, todo. Nueva yo.
Es sublime sentarse junto a la ventana y observar el baile de las gotas cuando caen. Aún más si bebes un té caliente y fumas un cigarrillo. Lo confieso, he comprado una cajetilla de cigarros. ¡No he resistido!. El clima me estaba seduciendo y lo logró. Es tan apacible ese momento de silencio y soledad, de humo de té y de cigarro, de pensamiento y reflexión.
Hasta logré olvidar por un rato que tengo roto el corazón y que las penas me carcomen.
Quiero que siga lloviendo, que no cese aquel canto que me enternece y me llena de recuerdos. Recuerdos de besos bajo la lluvia, de abrazos, de amor, de tristeza. Sentimientos encontrados. Sin embargo, aunque se desate un huracán de emociones en mí, no logro sentirme mal. Es el efecto de la lluvia en Julia. 
Quiero que en mi cumpleaños llueva. ¡Ya falta poco!. Me emociona por una parte, por otra me aflige… 19 años. Uff, ya me siento muy vieja. Dejando mis inseguridades atrás, me pone muy de buenas saber que estamos en época de vacaciones. Este año quiero tratar de ser diferente, de ya no ser tan insensible y evasiva. No sabes, querido lector, el trabajo y esfuerzo que me cuesta. Sólo el universo lo sabe, sólo lo sabe Dios. 
Con este clima, me dan unas ganas de escribir una carta de amor… pero no una carta cualquiera que diga: “Oh, fulano, yo te quiero, no sé si te amo… bla bla bla”. ¡No!, yo quiero escribir una verdadera carta de amor, como las de Dalí a García Lorca. Quiero llenar de dulzura las palabras, y que cuando las lea, quien debe, le de diabetes. No es por ser mala ni esas cosas, es sólo que quiero que sepa entonces qué tan dulce es mi querer. 
La lluvia me pone romántica, me pone sensible. Quiero un par de brazos abiertos hacia mí y entonces poder hundirme en ellos para descargar todo lo que llevo.
En resumen, me gusta que llueva porque me pone de buenas.

Julia María del Prado

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