Ni escribir

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Ya no me dan ganas de escribir ni de pensar ni de respirar ni de existir. KABOOM. De pronto algo hace falta en mí. Puedo cerrar los ojos y buscar con avidez entre los escombros de la vieja muralla de mi actitud y, sin embargo, sé que no hallaré nada porque algo se perdió. Quizá la mañana se llevó mi alma y se encaprichó que jamás me la regresará, ó, también, puede ser que  mis ideas se hallan vuelto mariposa y salieran volando hacia otro prado mental más verde, más primaveral, ya que el mío es un eterno otoño. Ha de ser eso.
Estoy como “bloqueada”. Ya no puedo ni escribir un dulce verso dedicado a la mañana, al sol que se asoma travieso por el amanecer o cuando se va, magistral, en el atardecer. Ahora sí que, de pronto, soy más aversiva que antes. No pueden quejarse, soy lo que hacen, soy como el karma: recibes de mí lo que das. Sin embargo, siéntome tranquila pese a este abrupto estancamiento. Puedo mencionar que hasta he podido dormir cual bebé, hasta diez horas seguidas… ¡Éso es rarísimo en mí!. 
Cabe confesar que mi misantropía cada vez me abrasa más fuerte, es chistoso, porque no “odio” a la gente porque me sienta superior; no, sino que, al contrario, no los odio, ME DAN PENA, por ser tan crueles, tan inflexibles, tan cuadrados… tan mundanos.
Los “neurotípicos” me dan risa, no sé por qué. Sólo que es gracioso verles rabiar y criticar, verlos creerse superiores aún cuando rebasan los límites del esnobismo y en vez de crear, repiten. En vez de rehacer, reutilizan pensamientos. No son innovadores. Me da tanta gracia, y vaya que yo no soy una chica genio… ni al caso, sólo soy consciente -creo-. 
En materia emocional, creo que con las horas me hago más fuerte… ya no hay vaivenes emocionales, ni olas de sentimientos que chocan. No, no hay nada. Ciertamente, me gusta ser un tanto -muy- insensible con los demás y no por egoísmo. Es sólo que pienso, si los demás disfrutan el dolor ajeno cual masoquistas sociales… bueno, sería una lástima no gozar de tal privilegio, ¿no?. 
En fin… las vicisitudes nunca hacen falta. Bien dicen que solamente un desventurado merece la mayor ventura. ¡Espero esa ventura con semejante anhelo!. Twist and shout. Qué divertido. 
Retírome entonces, esperando que esto haya hecho el efecto planeado en mi interior.
Por cierto, ¡Benditos sean Freud, Jung y Adler!, pues me han ayudado como no podrían imaginarse…
Éso es todo. Au revoir, querido lector.

Julia María del Prado

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