Aflicción

Hay algo que me está acabando y no sé qué sea -o tal vez sí, no estoy segura- pero sé que me llena de desconsuelo y amargura. Es algo muy extraño y en demasía complejo, quizá sólo necesito un abrazo, una charla, un café, cigarros y un buen consejo. La aflicción que esto me causa, me trae de cabeza y poco a poco me mata; ya no sé qué pensar, ya no sé qué sentir ni sé hacia dónde mirar. Mis pies están buscando un nuevo camino, una nueva andanza y sin embargo, no sé porqué me rindo antes y pierdo con facilidad la esperanza. Estoy tan severamente obstruida que, mi lado romántico y poeta, se ha perdido y no puedo escribir en verso, quizá sí en rima, pero… la vida sin un verso es aburrida. La vida sin un poema es decepcionante, es como si dijéramos que las palabras de Neruda están vacías. Mis ganas y mis ansias están podridas y eso me hace sentir un poco aturdida. Mi pecho se inflama de dolor, de ausencia, de temor, de dolencia y ¡zaz!, me quiebro cual vaso que se cae por descuido y se van perdiendo partes de mi persona que, ni aunque trate de reconstruir, o de hallar, o de igualar o sustituir, sé que no se van a poder reemplazar. ¿Es ésta una etapa crucial de mi vida?, ¿Será que esta encrucijada me traerá el próspero devenir que tan anhelo?, ¿Este sendero oscuro y lóbrego me guía a un puente cercano y luminoso?… Espero que sí, espero que no, no lo sé. Bien sé que no sé nada, así cómo Sócrates pero a diferencia de este, yo sí estoy segura. Yo sólo sé que estoy segura de que no sé nada. Aún que se halle un tipo de contradicción en esta frase, con un poco de flexión mental se logra entender. 
Y, bueno, después de tanta palabrería absurda y contrastante, espero hallar respuesta en este escrito. Espero que tú, lector, entiendas y ejercites tu mente, ejercites tu sabiduría. Quiero que esta aflicción se acabe y que mis pasos logren asir sendero nuevamente. Quiero que estas penas y estos dolores se calmen, se acaben… se detengan y me hagan nuevamente un alma libre. Quiero extender mis alas.
¿Asir de la mano al querer juvenil me va a sacar de este pozo?, ¿Abandonar mi dulce y amada soledad me va liberar de este candado maldito que ata mi felicidad?, ¿Tengo ilusiones reales o sólo vivo espejismos?. 
Mi aflicción se vuelve preguntas que me torturan más y más. Este padecer no tiene recovecos.

Julia María del Prado

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