Dilema

Perdóname si tú me quieres
y yo no te quiero
pero es que, a quien yo quiero 
tampoco me quiere;
por mí tú mueres,
por él yo muero.
Nos quedamos con el eterno
dolor de los ayeres
y el maldito dilema -tormento-
de “A quien quieres no te quiere
y a quien me quiere, no lo quiero”.
Se repite y se repite
como el goteo de la lluvia.
Sufren dos almas taciturnas
en quejumbroso convite.
Siempre habrán dos almas tristes
que jamás podrán ser una.
Yo nunca, de a veras, nunca quise
pasar por semejante desventura,
pero el alma se hace más dura:
el amor de todos se ríe. 
Se ríe, se ríe…
se burla
de dos corazones hostiles
que le ruegan a la luna;
todas las noches le piden
que en su pecho de duna
los sentimientos que ahí viven
encuentren mitad alguna.
Perdóname si tú me quieres
y yo no te quiero
pero es que, a quien yo quiero 
tampoco me quiere;
por mí tú mueres,
por él yo muero.
Todos vivimos en el silencio
del amor que arde, duele.
El amor es el enemigo más fiero.

Julia María del Prado

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