Ensayo sobre un abismo en el pecho.

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Ya tiene unas semanas que no escribo. ¿Por qué?. No lo sé, estoy cambiando tal vez… ya no me inspiro con facilidad y los versos me pesan más que una mañana de lunes en la cual la responsabilidad se infiltra por mis poros y la sangre se me agita sin motivo. Hiervo cual agua para café. Ya no me haga tanto de ilusiones, ya no me imagino al lado de la persona que me gusta ni creo escenas que jamás ocurrirán. ¿Se me está acabando el alma?, ¿Se ha consumido por completo?, ¿Debo alzarme en vuelo a la metamorfosis que se abre sobre mi apacible cielo?. Quizá sí, quizá no. ¿Quién lo sabe sino yo?, ¿Cómo regresar al infierno de mis adentros una vez que salga?, ¿Debo renacer, resurgir, volver a vivir?. Nadie me explica, nadie me guía. Mi conciencia se apagó, estoy vagando en una cueva oscura con los ojos vendados y traigo el tacto insensible. Rota, vacía, abismal, Julia. ¿Cómo definir algo que sé que siento sin saber cómo lo siento ni porqué?, ¿cómo cambiar la página si no hay un libro abierto?, ¿cómo morir de sed en un río y cómo vivir sin vida?.
¡¿Cómo?!
Si alguien o algo me explicara qué es ese hondo, infinito y frío vacío que me va carcomiendo día tras días, hora tras hora, respiro tras respiro; Si tan sólo supiera la resolución a esta incógnita, bailaría con las hojas y cantaría con el viento. Haría un festín solar con las flores y, minina, conversaría con la luna…. ¡Pero no!, ¡¿Por qué?!.
¡¿Por qué?!
Vacío, vacío, abismo. Pato, pato, ganso. Tic-tac, tic-tac, tic-tac. 
Hay algo que me acaba, me acaba, me acabo… no soy, no estoy. No más yo. Disfruto sin disfrutas, vivo sin vivir, sufro sin sufrir, río sin reír… y, lo peor, quiero sin querer. Tengo un agujero negro en el pecho que se conecta a la nada y toda yo me sumerjo en él, me absorbe… desaparezco. 
Todo es ajeno a mí, hasta mi misma presencia; hasta mi boca, mis ojos, mis manos, mis rasgos, mis palabras… es como si me volviera polvo de estrella y me fragmentara en innumerables partículas cósmicas que bailotean en el vibrante universo, de mí ya nada es. Yo soy todos, soy todo. 
Me desplazo invisible entre las hojas de los árboles, entre cabelleras, entre manos amantes y sigo sin ser nada, nada, nada…
¡¿Qué preguntas es la correcta y cuál es su respuesta?!
¿Necesito asirme a mí misma nuevamente, hallarme entre los escombros de lo que solía ser para subir el puente de lo que ahora soy?. ¿Necesito seguir nadando en estas negras y solitarias aguas donde a lo lejos se ve el sol y se escucha el canto de las sirenas?. No lo sé, no lo sé, nada sé…. ni quién soy.

Julia María del Prado

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3 comentarios en “Ensayo sobre un abismo en el pecho.

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