¿Te cuento un cuento?

Bienvenida(o) a la sección “¿Te cuento un cuento?”.
Empezaré un relato de mi cosecha llamado “El mausoleo de la diablesa I” (ya que lo dividiré). Espero que les guste.

Esta es la historia de una chica llamada Amira.
Amira era una chica promedio, la cual estudiaba, trabajaba y vivía con sus padres. Era una apasionada amante del arte.
Un día, ella llegó a casa, ya cansada por un día lleno de presiones y se lleva la sorpresa de que sus padres han acogido a una mujer, aparentemente mayor, que tiene un aspecto gentil. Su madre la guía a su habitación y le explica delicadamente el acto de nobleza que han de realizar.
-Amira- le dijo su madre- tu padre y yo hemos decidido acoger a esta pobre mujer. La hallamos al borde del suicidio mientras regresábamos del supermercado. ¡Nos ha dado tanta pena, que la tendremos aquí! ella me ayudará en el quehacer doméstico como pago del acto de caridad que hacemos.
-Pero, mamá…- dijo Amira con un aire dudoso mientras fruncía el ceño- no sabes qué clase de gente es. No conoces sus oorígenes, no deben de ser tan confiados.

Después de esto, la madre asiente con la cabeza, da unas palmadas en el hombro de Amira y sale de la habitación.
Esta chica no sabe aún lo que le espera.

Al cabo de los días, Amira notó que Luz hacía cosas para llamar la atención de sus padres. Tiempo después, Luz comenzó a decirle papá a Don Teodoro, padre de Amira. Esto le enfado en cierto modo, ya que desde que Luz fue recogida de la calle, las cosas en su casa habían comenzado a cambiar.

Luz, ya era prácticamente una hija para Doña Nora y Don Teodoro. Amira sentía que ya no existía para sus padres, pues, Luz había comenzado a atentar en su contra rompiendo cosas, inventando chismes.
Un día, Luz entró a la habitación de Amira, quien se deleitaba de un café mientras leía. Al irrumpir sin aviso alguno, Amira se pegó un susto.
-No quise asustarte- dijo Luz con tono ingenuo- mil disculpas.
-Ah, tranquila. ¿Necesitas algo?- le preguntó Amira servicialmente.
-Sí- respondió apenada.
-¿Qué necesitas?
-He visto que tienes amigos que consumen marihuana, ¿podrías conseguir un poco para mí?

Hubo un silencio incómodo en la habitación.
-Claro- dijo Amira- pero que sea secreto. Lo haré porque como mis padres, yo también te aprecio.
-¡Muchas gracias!- exclamó Luz y salió de la habitación.

Llevando a cabo lo prometido, Amira cayó en la trampa de Luz. Le entregó la marihuana y una semana después, Don Teodoro y Doña Nora entraron fúricos a la habitación de la chica.
-¡AMIRA, CÓMO TE ATREVES!, ¡TANTO QUE HEMOS TRATADO TU PADRE Y YO DE EDUCARTE CORRECTAMENTE!- Su madre rompe en llanto y sale corriendo de la habitación.
-Papá, ¿de qué diantres está hablando mi madre?- pregunta Amira sorprendida al ver semejante escena.
-Hija, Luz no enseñó esto- le enseña la bolsa que contenía la marihuana- ¿porqué nos haces esto?.
-Papá, eso me lo pidió Luz. Yo solamente le hice el favor de obtenerla. Ella vino el otro día a pedirme que le consiguiera esa cosa.
-Basta, hija. Deja de mentir. Luz tenía razón. No eres más que una drogadicta mentirosa.

Don Teodoro salió y de la habitación y Luz, apareció para cerrar la puerta mientras mira diabólicamente a Amira, quien había comenzado a llorar.
A la mañana siguiente, los padres de Amira sólo la miraban con decepción, creyendo tales mentiras implantada por la diablesa adoptada.

Por hoy, esto es todo. Nos leemos la próxima vez con la segunda parte de este relato.

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