Se puede decir…

Es quizá, bastante propio, que a veces se puede decir -o pensar, según el caso- que la vida es constantemente una especie de limbo. ¿O es que sólo yo siento así?.
Es doloroso andar en medio de dos senderos: el sendero A, que te lleva a tu posible futuro (un futuro seguro y triunfal); y el sendero B, el que lleva consigo el amor y la felicidad que uno desea…
Es una muerte constante, a cada paso. Doy un paso y muero, un beso me revive y así me la paso. La pregunta viene quedando así, a resumidas cuentas: ¿en qué momento habrán de separarse estos senderos y qué tan extenso será el río de lamentos y penurias que habré de atravesar?.
Es exquisitamente masoquista tratar de prever ésto, maldito cerebro. El 90% de mis depresiones se debe a eso, el otro 10% tiene nombre y apellido.
En fin, se podría decir que incluso como buena mujer, estoy dramatizando la situación. OBVIAMENTE. Pero… Es real. Nada quita esa sensación de estar en un limbo cotidiano, de estar muriendo a cada segundo por no saber si es el día en que los senderos se separen y haya que tomar un decisión. Es agobiante, frustrante, mortificante. Uno se siente como desterrado. Lo que se vive, sólo sé disfruta en ese momento. Es como ser el viento… Es como ser cada uno de los elementos. Morir en un paso, y revivir con un beso.

JULIA MARÍA DEL PRADO

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