En mis adentros…

En mis adentros… muy, muy en mis adentros hay una llama que antes incendiaba todo mi ser. Ahora, con tantos problemas, con tanto dolor, con todo ese mar de indiferencia que hay a mi alrededor, esa llama va haciéndose pequeña.
Estoy nadando en mi desesperación, la cual me azota y me va alejando de la isla de mi alma. ¡Qué dolencia tan más grande la de mi pecho!…
Puedo ver aún, recuerdos de los ayeres soleados, recuerdos de épocas sin dolor ni maldad, sin esa maldad que tanto anhela destruirme.
Desventurados sean los que se dan por vencidos y en vez de luchar por su propio camino, se dedican a llenar de piedras y espinos, los caminos de otros.
En mis adentros, muy, muy, en el fondo de los mares que me ahogan, está mi cuerpo.
Desde el fondo alcanzo a ver que, en la superficie, hay un bote con lleno de luz… En ese bote está un pescador.
Este hombre es quien me ha rescatado de las profundidades. Es quien me ha alojado entre sus brazos cuando las aguas se adueñan de mis ojos. Ese es el hombre a quien amo.
Muy, muy en mi exterior, mi piel luce pálida por el dolor que ha sido externado a través de mis poros y sólo puedo decir que respirar me duele, que vivir me pesa, que seguir me mata; o al menos ya hubiese acabado conmigo de no ser por que muy en mis adentros, él cuida la llama de mis esfuerzos con su amor, con sus cálidos brazos…

Julia María del Prado

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