Sueños y reclamos de cristal.

Ya no sé nada.
Lo único que sueño todo el tiempo es que ya no estás conmigo. Sueño que te vas con otras. OTRAS. Con las mismas, y más, que me han venido torturando, tu maldito pasado y las acciones que cometiste.
¿Es que no soy digna de que un hombre me ame en serio?¿Acaso tengo sangre de muñeca?¿Puedo morir esta tarde, estando hundida en los residuos de lo que solía ser?.
Es que me arrojas tus reclamos rotos, como pedazos de cristal, y me cortan. Profundamente, innecesariamente, y te odio entonces. En ese momento deseo mandarte a la horca, ponerte las torturas más horribles de la historia. ¿Y qué hago?. Vuelvo a caer ante ti, como una ingenua y sumisa virgen que sólo quiere pedir perdón a su Dios, y ofrecerse en sacrificio.
Te molestas, te pones triste y es por mi culpa. Porque yo solo sé ocasionar mal a las gentes que amo. Soy la caja de Pandora. Mis acciones de amor son como mordidas en la manzana de la discordia.
Me duele.
Merezco estar sola. Ya hasta mis gatos se van, se alejan de mí. Hasta mi destino se fue. Me he quedado varada en un agujero negro, frío, doloroso, eterno. Me muero a cada respiro.
A veces creo que la única que me ama, es mi madre. Sin embargo sé que no hay amor más puro que el de una madre. Yo quiero amar tan puramente, pero no quiero gestar en mi vientre el fruto de un amor únicamente pasional. No creo tener en brazos un hijo con semejanza a un hombre que me ha destruido tantas veces. Es por ello que me alegra estar libre de la pena y el dolor de cargar con algo así. Tal vez llegue el día en que decida procrear un primogénito, y para entonces sé que ya no seré la misma. Pero ahora, regresando al polvo de mi alma, puedo sentir como el viento me atraviesa cuando camino. Pues mi alma está llena de agujeros de tamaños distintos, hechos por distintos dolores.
Hombres prohibidos y su manía de presentarse ante mí como mis salvadores… Deténganse, por favor. Me duelen.
Perdóname, lector, si vaga mi dolor muy aleatoriamente entre este texto.

Julia María del Prado

El son de mi actualidad

Hoy en día, después de tanta ausencia, lector mío…. Ah, hoy quiero declarar que ya no sé que pasa por mi pecho cuando abrazo a alguien, ya no sé qué siento cuando beso o cuando acaricio. ¿Es costumbre, es asco, es miedo, es añoranza? No lo sé.
Como siempre, soy un vaivén de emociones tricolores: rojo, azul y amarillo. Colores que se mezclan y van formando mi propio camino.
¿Es una virtud ser una roca por fuera y un pedazo de vidrio roto por dentro?.
Mi son actual es la decadencia a pique, lo bailo mientras se derrumba mi vida frente a mí y yo, yo ni me inmuto. No puedo hacer nada al respecto. Mi cuerpo está inerte y mi cabeza es una discoteca, mis pensamientos son los adolescentes drogados que no saben como reaccionar ante la caída de lo que yo era antes de todo.
Ojalá fuera tan fácil dejar todo lo que soy ahora y poder regresar a lo que era antes: una simple mujer con un trabajo, con una pasión por la música… ¿Ahora que soy? Sigo siendo una simple mujer, pero ahora un poco más independiente, descuidada, fiestera, ermitaña.
Vaya cambio de vida. Como quien dice, uno se va de Guatemala a Guatepeor…
Sin embargo, estos cambios me han puesto más cerca de mis mejores amigos. He descubierto nuevas cosas, nuevas emociones, sensaciones y una que otra maravilla.
Simplemente ya no sé que debo hacer, mucho menos como debo actuar.
Quiero estar sola un tiempo, quiero estar conmigo misma y charlar a oscuras… Como antes.
Extraño lo que solía ser de mí..  Ya ha cambiado demasiado para mi gusto. Insisto en que mis pies se menean al ritmo de la desdicha.
A mis 20 años, me siento la persona más desdichada y sin embargo, la más suertuda. ¿Por qué?. Porque vivo en agonía las 24 horas, y aún así sé que hay quienes ME AMAN DE VERDAD, quienes no me mienten NI ME USAN PARA SU PROVECHO.
Basta de lamentos.

Julia María del Prado

Cambios espontáneos

Lector:
Querido lector, confidente, mejor amigo… Hoy ya no sé qué me pasa.
Quiero confesar que últimamente todo mi amor, se ha vuelto odio. Ya no sé cómo amar a las personas, en mi vida, incluso puedo decir que quienes me dieron la vida me han fallado. Es raro, es horrible. No se puede confiar en nadie. Últimamente, quiero declarar que todos mis intenciones sentimentales están basadas en la búsqueda de un equilibrio físico y mental. Para mi desventura, siempre me lío con hombres que aunque me prometan con pacto de sangre que de a veras me quieren, al cabo de unos meses, tal pacto se anula.
Desconfío hasta de mi propia sombra, sin contar que soy una maldita lectora de gentes. No hay como engañarme, no hay como mentirme. Todo lo noto, todo lo capto. Soy como un maldito polígrafo viviente.
El problema yace, lector de mi corazón, en que soy muy sensible aunque me vea como una roca sin sentimientos. Cuando me percato hasta de la mentira más blanca y noble, me rompe los malditos ovarios y el jodido corazón. Sí,bueno… Pero eso va haciendo, va generando una desconfianza que va creciendo. Todo el amor que sentía, se va volviendo rencor…
¿Porqué, lector, porqué?
Ya sé que mi futuro es ser la señora de los gatos de mi calle. Eso no me enfada.
Considero que es tiempo de cerrar ciclos rosas.
Perdón de antemano si esto es peor que un diario de quinceañera.

Julia María del Prado

En mis adentros…

En mis adentros… muy, muy en mis adentros hay una llama que antes incendiaba todo mi ser. Ahora, con tantos problemas, con tanto dolor, con todo ese mar de indiferencia que hay a mi alrededor, esa llama va haciéndose pequeña.
Estoy nadando en mi desesperación, la cual me azota y me va alejando de la isla de mi alma. ¡Qué dolencia tan más grande la de mi pecho!…
Puedo ver aún, recuerdos de los ayeres soleados, recuerdos de épocas sin dolor ni maldad, sin esa maldad que tanto anhela destruirme.
Desventurados sean los que se dan por vencidos y en vez de luchar por su propio camino, se dedican a llenar de piedras y espinos, los caminos de otros.
En mis adentros, muy, muy, en el fondo de los mares que me ahogan, está mi cuerpo.
Desde el fondo alcanzo a ver que, en la superficie, hay un bote con lleno de luz… En ese bote está un pescador.
Este hombre es quien me ha rescatado de las profundidades. Es quien me ha alojado entre sus brazos cuando las aguas se adueñan de mis ojos. Ese es el hombre a quien amo.
Muy, muy en mi exterior, mi piel luce pálida por el dolor que ha sido externado a través de mis poros y sólo puedo decir que respirar me duele, que vivir me pesa, que seguir me mata; o al menos ya hubiese acabado conmigo de no ser por que muy en mis adentros, él cuida la llama de mis esfuerzos con su amor, con sus cálidos brazos…

Julia María del Prado

Se puede decir…

Es quizá, bastante propio, que a veces se puede decir -o pensar, según el caso- que la vida es constantemente una especie de limbo. ¿O es que sólo yo siento así?.
Es doloroso andar en medio de dos senderos: el sendero A, que te lleva a tu posible futuro (un futuro seguro y triunfal); y el sendero B, el que lleva consigo el amor y la felicidad que uno desea…
Es una muerte constante, a cada paso. Doy un paso y muero, un beso me revive y así me la paso. La pregunta viene quedando así, a resumidas cuentas: ¿en qué momento habrán de separarse estos senderos y qué tan extenso será el río de lamentos y penurias que habré de atravesar?.
Es exquisitamente masoquista tratar de prever ésto, maldito cerebro. El 90% de mis depresiones se debe a eso, el otro 10% tiene nombre y apellido.
En fin, se podría decir que incluso como buena mujer, estoy dramatizando la situación. OBVIAMENTE. Pero… Es real. Nada quita esa sensación de estar en un limbo cotidiano, de estar muriendo a cada segundo por no saber si es el día en que los senderos se separen y haya que tomar un decisión. Es agobiante, frustrante, mortificante. Uno se siente como desterrado. Lo que se vive, sólo sé disfruta en ese momento. Es como ser el viento… Es como ser cada uno de los elementos. Morir en un paso, y revivir con un beso.

JULIA MARÍA DEL PRADO

¿Te cuento un cuento?

Bienvenida(o) a la sección “¿Te cuento un cuento?”.
Empezaré un relato de mi cosecha llamado “El mausoleo de la diablesa I” (ya que lo dividiré). Espero que les guste.

Esta es la historia de una chica llamada Amira.
Amira era una chica promedio, la cual estudiaba, trabajaba y vivía con sus padres. Era una apasionada amante del arte.
Un día, ella llegó a casa, ya cansada por un día lleno de presiones y se lleva la sorpresa de que sus padres han acogido a una mujer, aparentemente mayor, que tiene un aspecto gentil. Su madre la guía a su habitación y le explica delicadamente el acto de nobleza que han de realizar.
-Amira- le dijo su madre- tu padre y yo hemos decidido acoger a esta pobre mujer. La hallamos al borde del suicidio mientras regresábamos del supermercado. ¡Nos ha dado tanta pena, que la tendremos aquí! ella me ayudará en el quehacer doméstico como pago del acto de caridad que hacemos.
-Pero, mamá…- dijo Amira con un aire dudoso mientras fruncía el ceño- no sabes qué clase de gente es. No conoces sus oorígenes, no deben de ser tan confiados.

Después de esto, la madre asiente con la cabeza, da unas palmadas en el hombro de Amira y sale de la habitación.
Esta chica no sabe aún lo que le espera.

Al cabo de los días, Amira notó que Luz hacía cosas para llamar la atención de sus padres. Tiempo después, Luz comenzó a decirle papá a Don Teodoro, padre de Amira. Esto le enfado en cierto modo, ya que desde que Luz fue recogida de la calle, las cosas en su casa habían comenzado a cambiar.

Luz, ya era prácticamente una hija para Doña Nora y Don Teodoro. Amira sentía que ya no existía para sus padres, pues, Luz había comenzado a atentar en su contra rompiendo cosas, inventando chismes.
Un día, Luz entró a la habitación de Amira, quien se deleitaba de un café mientras leía. Al irrumpir sin aviso alguno, Amira se pegó un susto.
-No quise asustarte- dijo Luz con tono ingenuo- mil disculpas.
-Ah, tranquila. ¿Necesitas algo?- le preguntó Amira servicialmente.
-Sí- respondió apenada.
-¿Qué necesitas?
-He visto que tienes amigos que consumen marihuana, ¿podrías conseguir un poco para mí?

Hubo un silencio incómodo en la habitación.
-Claro- dijo Amira- pero que sea secreto. Lo haré porque como mis padres, yo también te aprecio.
-¡Muchas gracias!- exclamó Luz y salió de la habitación.

Llevando a cabo lo prometido, Amira cayó en la trampa de Luz. Le entregó la marihuana y una semana después, Don Teodoro y Doña Nora entraron fúricos a la habitación de la chica.
-¡AMIRA, CÓMO TE ATREVES!, ¡TANTO QUE HEMOS TRATADO TU PADRE Y YO DE EDUCARTE CORRECTAMENTE!- Su madre rompe en llanto y sale corriendo de la habitación.
-Papá, ¿de qué diantres está hablando mi madre?- pregunta Amira sorprendida al ver semejante escena.
-Hija, Luz no enseñó esto- le enseña la bolsa que contenía la marihuana- ¿porqué nos haces esto?.
-Papá, eso me lo pidió Luz. Yo solamente le hice el favor de obtenerla. Ella vino el otro día a pedirme que le consiguiera esa cosa.
-Basta, hija. Deja de mentir. Luz tenía razón. No eres más que una drogadicta mentirosa.

Don Teodoro salió y de la habitación y Luz, apareció para cerrar la puerta mientras mira diabólicamente a Amira, quien había comenzado a llorar.
A la mañana siguiente, los padres de Amira sólo la miraban con decepción, creyendo tales mentiras implantada por la diablesa adoptada.

Por hoy, esto es todo. Nos leemos la próxima vez con la segunda parte de este relato.

Sopa de palabras: versitos de un corazoncito

Tengo un llanto chiquito, chiquito
Que va ahondando un vacío
En mi breve y escaso pechito.
Nada me calma y la cabeza
Me está por estallar;
Soy la reina de la torpeza
Y pronto me he de tropezar…
Como siempre, como nunca
¡A veces quisiera estar sorda y muda!
Quisiera ser estoica hasta los huesos,
Pero es algo que ni pensar ya puedo.
¡Me mueven las pasiones
Que emanan del cuerpo de mi hombre!
¡Estoy perdiendo la cordura,
Ya ni sus besos me curan!
Y me pierdo, me pierdo
Entre el vacío que se encontraba lleno…
Que se encontraba frondoso y pleno
Cuál árbol en temporada.
Mas ahora sólo soy una mujercita,
Una mujercita atormentada
Por idilios que no terminan
Porque nunca se iniciaron.
Sólo se que sus manos sé entrelazaron
A mis venas, como raíces
Que se van extendiendo
Hasta llegar al rincón más oscuro
De mi inmundo cuerpo humano.
Extraño esos días sin largas pasiones.
Hoy en día, los segundos
Son pequeños prisiones
Que me apartan de sus brazos,
De su cálido e inmortal regazo.

Julia María del Prado